- Me verá una doncella, una niña alta, pálida y concentrada ... Paseará tristemente. De pronto me mira y comprende que yo seré el único amor de toda la vida, y esa mirada que era un ultraje para todos los desdichados, se posará en mí, cubiertos los ojos de lágrimas.
... yo le diré, Señorita, no puedo tocarla. Aunque usted quisiera estregárseme, no la tomaría. Y todo es inútil, ¿sabe?, es inútil, porque estoy casado.
Igual me casaré con ella. Dejaré a mi mujer.
No tendremos nunca contacto sexual. Para hacer más durarero nuestro amor, refrenaremos el deseo, y tampoco la besaré en la boca, sino en la mano.